martes, 22 de febrero de 2011

Y' & T': Libertad

Y’: Libertad, es mi ideal perfecto de vida.
T': Suena tan utópico. Yo...creo que no tengo un ideal de vida. Al menos no aún.
El mío tendría una definición inmensa, imprecisa, interminable tal vez, pero la mejor manera en que puedo sintetizarla es eso, libertad.
Pero ¿Se puede ser completamente libre? A veces siento que una libertad extrema sería tediosa. Sin represión las mentes más brillantes no salen a flote, por que no tienen contra qué rebelarse.
No, una mente libre no es aquella que no tiene ningún límite, es aquella que escoge los límites que ella misma imponerse, es aquella que elige sus metas y se regocija por completo en sus logros.
Ojala todos pudiéramos expresarnos con tanta soltura. Vaya...ojala yo pudiera expresarme con tanta soltura. Pero...y después de esos logros... ¿que? Llegará un momento en el que ya no haya retos. Vacío.
Cuando se acaben los retos, entonces se podrá presumir de una vida plena, que tuvo sus logros y sus errores, sus caídas y sus consuelos. Una vida sin remordimientos. Una vida... completa
¿Y cómo saber que al fin se han completado todos los retos? ¿No es natural del ser humano siempre ir por más? ¿No se cae en el conformismo al sentirnos completos? ¿Cuando podemos divisar la línea entre la ambición y la avaricia?
Cuando sientes una paz que te llena los pulmones, que te roba un par de lágrimas y que te hace cerrar los ojos solo para tratar de sentirla mejor... Entonces tu mismo respondes cada pregunta en tu mente.
No me creo capaz de llegar a sentir tal paz. Y tampoco me ilusiona mucho la idea.
Una vida llena de dudas no permite los retos, sin retos no hay experiencias, y en estas se basa la vida misma. ¿De qué otra forma puede vivirse sin esto presente?
No dudo eso, pero me deprimiría que los retos terminaran. Y se me figura imposible que lo hagan. La idea de esa paz me parece demasiado lejana.
Como cualquier ideal humano...
Y regresamos al inicio del tema...



Diálogos. Si es que algún día Y' y T' comienzan a dialogar con fines Nihilistas, comenzaré a preocuparme.

Gracias, C'.

domingo, 6 de febrero de 2011

Y' & T' : Preguntas.

T': Se dice, que una persona tiene la capacidad de amar con la misma intensidad más de una vez. ¿Crees que sea cierto?

Y': No lo sé, yo jamás me he enamorado, linda.

Se supone, el máximo de veces que un ser humano puede amar es de cuatro, en promedio. ¿Es posible encontrar a cuatro personas que te provoquen el mismo sentimiento de felicidad?

Si los estudios lo afirman... aunque es estúpido que se trate de analizar el sentimiento humano.

¿Pero eso no daría, una esperanza a aquellos que creen que el "amor de su vida" se les ha escapado?

Posiblemente, aunque para mí sólo es una idealización de un romance utópico.

¿Es decir que no crees en el amor verdadero entre parejas?

Jamás lo eh vivido, no puedo afirmar si existe o no.

Dejando de lado el saber y el afirmar, ¿crees en ello?

No.

¿Puedo preguntar el por qué?

Porque no eh visto jamás una real relación fructífera que no lleve algún interés de fondo.

Pero todas las acciones humanas llevan algún interés de fondo, por muy sutil que sea. El altruismo no existe aunque se pueda intentar disfrazar el interés con ello.

Por ello mismo, si el altruismo no existe, ¿Cómo puedo darme pie a creer en algo, aún más idóneo, como el amor?

Pero no todo el interés es malo. El interés puede basarse a que aquello que se busca en el fondo, sea sólo "compartir" (lo que sea) con "esa" persona. Al final, el amor se reduce a compartir, así que posiblemente, exista, por muy utópico que suene.

Sosteniendo tu idea de que el hombre es malvado por naturaleza, ¿Por qué le defiendes en la creencia de que pueda sentir amor?

Eso es lo que me gustaría saber. Quizás porque aquello sería una salvación, un escape para que "aquella" persona no sea un ser humano más.... A todo esto, buenas tardes.

"Un ser humano más..." tierno concepto. Buenas tardes.

¿Cómo estás? Espero estés teniendo una linda tarde.

Lo es, discuto la existencia de un concepto demasiado subjetivo, eso lo vuelve agradable.

Papá tendría una opinión completamente diferente. Dice que hago muchas preguntas.

Es una condición humana el ser curioso con el entorno y sus bases y orígenes, no veo que el preguntar sea algo malo.

Aunque a veces, hay más dudas que al inicio.

Si se supiera el porqué de todas las cosas, el significado de la vida quedaría en un absurdo. No existiría, en realidad, un significado.

Aunque a veces es frustrante no tener las respuestas deseadas.

Te deja la posibilidad de seguir indagando.

Y se multiplican las preguntas... ¿Has comido o cenado?

No. ¿Era esa otra de tus preguntas que nos conllevan a una filosofía completa?

Oh, pero por supuesto. Estaba a punto de debatir la importancia de las tres comidas diarias. Me has pillado.

Y hoy me toca ver tu faceta de niño pequeño...

¿Qué puedo decir? Soy tan multifacético...



Y' y T' son dos personajes que nacieron del amor filial entre dos desconocidos. Más que amigos, menos que amantes, que por diversas circunstancias murieron poco después de nacer. Son seres sin un sexo definido, sin edad concreta aunque uno más adulto que el otro. T' siempre tiene qué preguntar. Y' siempre tiene qué responder. Y la manera de entenderse puede resultar tan compleja como simple. T' nació de un lado desconocido de mi, pero no es yo. Y' no me pertenece en lo absoluto.
Por otro lado, T' tampoco, o al menos no enteramente. Por que de no ser por Y', T' jamás hubiera despertado.


Gracias, C'.

lunes, 13 de diciembre de 2010

No le mires como me miras a mí. No le sonrías, ni le cuentes de ti, ni le hables sobre tu música preferida. No te desveles a su lado, no tomes su mano cuando caminen, no te quedes dormida mientras platiquen ni le dediques la misma canción que me dedicaste a mí. No le dejes jugar con tu cabello, ni elogies el suyo, ni le digas que tal o cual prenda se le ve muy bien. No le abraces, no le beses, no le mimes, ni le digas palabras dulces. No le pongas un apodo divertido, ni te dejes asignar uno. No pelees con ella por cualquier tontería, no te deprimas si se dejan de hablar. No le dediques ninguna de tus canciones favoritas, ni le dejes mensajes ocultos ofreciéndole disculpas. No le dibujes tus sentimientos, ni tomes fotografías de sus recuerdos. No le hables en códigos secretos y mucho menos, presumas de ello. No le cuentes tus secretos, ni le hables de tus miedos. No le pienses, ni le escribas, ni le hables por teléfono. No le digas que te importa, ni le digas que le quieres, mucho menos que le extrañas cuando se encuentra ausente. No te aprendas sus colores preferidos, ni sus aromas predilectos, mucho menos la cantidad exacta de azúcar con la que le gusta el café.
No le prestes tu abrigo cuando tenga frío, ni le invites un helado cuando mueran de calor. No le digas que le amas aunque ella te lo pregunte, no roces su mejilla con el dorso de tus manos ni le conviertas en tu adoración.

No…

domingo, 31 de octubre de 2010

Una de las tantas cartas no entregadas

Nunca había conocido el significado de "ausencia" tal como lo hago ahora.
Me pregunto si me extrañas. Si alguna vez, en éstas semanas en que no he sabido nada de ti, pensarás en mi.
Cada día que pasa te pienso, un poco menos que los ayeres. Y aquello me asusta, por que sé que de una manera u otra, estás pasando exactamente lo mismo.
Y habrá un día en que no me recuerdes más. Y habrá un día en el que yo te recuerde menos. Y será doloroso pensar en que todo aquello que vivimos, ya no existe más.


Pero cada vez que leo tus últimas palabras, antes de que te marcharas...

Tu recuerdo se hace más vívido y doloroso.

Por que me prometiste que volverías...

Pero me has regalado tantas promesas sin cumplir, que mi miedo aumenta día con día.

sábado, 30 de octubre de 2010

El juego de "El elevador".

¿Qué harían si estuviesen atrapad@s en un elevador descompuesto?

Lo observo en silencio mientras trato de disimular mi pánico.

Muestro mi panico para que no se contenga del suyo.

Me tiro al suelo, rígido como cadáver por que tanto pánico por parte de ambos es demasiado.

Me tiro al suelo y me duermo, para que muestre su panico sin pena y yo contengo el mio en sueños.

Me tiro sobre él y lo despierto de un susto divertido, por que si él puede estar tan tranquilo para dormir, yo puedo estarlo para jugar.

Finjo sorpresa mientras giro para quedar yo sobre él, por que me gusta jugar rudo..

Lo muerdo en el hombro por que no me gusta que me sometan.

Rio un poco y me recuesto junto a él, para platicar de algo.

Le platico de mundos fantasmales y sueños olvidados mientras veo el techo.

Lo dejo terminar y le recito un poema de Edgar Allan Poe que tiene que ver con el tema que el comenzó.

Lo escucho atentamente mientras imagino cada detalle escabroso del poema, luego le jalo una mejilla.

Espero a que se descuide y atrapo uno de sus dedos entre mis labios, dejandolo a la mitad del poema.

No retiro mi dedo de su boca y continuo el poema donde lo dejó. La verdad, ni me preocupo por pedir auxilio.

Sonrio complacido al escuchar su voz recitar tan hermoso poema, y ruego por que aun falte mucho tiempo para que nos rescaten.

Comienzo a llamarle por todos los nombres mencionados en los poemas de Poe y juego con sus cabellos.

Cierro mis ojos mientras con un dedo delineo sus labios, sintiendo su aliento.

Detengo su mano para poder dar un beso sobre sus labios. Y le llamo Lenore después de ello.

Me sonrojaría bastante. Correspondería a su beso y posteriormente le llamaría Annie.

Fingiría que el nombre no me gustó aunque realmente me halla encantado. Le sigo contando de mis pesadillas infantiles mientras acaricio su vientre.

Sonrío dandome cuenta de su trampa, escuchando atentamente todas y cada una de sus palabras, imaginandome sus sueños mientras doy ligeras caricias en su pecho.

Termino mi relato macabro con un beso.




¡Qué lejanos parecen aquellos días en que los desvelos eran un reflejo de nuestros sueños!

miércoles, 27 de octubre de 2010

El juego de "¿cierto o falso?"

El de abajo tiene calor?

Cierto.

¿El de abajo tiene sed?
 
Cierto.

El de abajo comió bien?
 
Falso. Tengo hambre~

Misma pregunta.
 
Cierto

¿El de abajo quiere zapatos nuevos? (?)
 
Cierto.

¿El de abajo quiere algo en este momento?
 

Cierto.

El de abajo quiere agua?

Falso.

¿El de abajo quiere un dulce?

Falso.

El de abajo quiere un abrazo?
 
Cierto.

¿El de abajo quiere una palabra? (?)

Cierto. (?)

El de abajo quiere una frase? (?)

Cierto. (?)

¿El de abajo quiere una mirada? (?)

Cierto. (?)

El de abajo quiere una sonrisa? (?)

Cierto. (?)

¿El de abajo está sonriendo?


Cierto...

Sólo bastaba una frase tuya, para hacerme sonreír.

Me pregunto si estarás sonriendo en éste momento...

sábado, 23 de octubre de 2010

Cuando la rutina acaba con toda esperanza

"...Recordaba con pesar que, el día en el que festejarían su cuarto aniversario, su amado bajista le había regalado un anillo como símbolo de su compromiso…anillo que por puro masoquismo se le ocurriese usar precisamente esa misma noche, queriendo engañar a su yo interno con que el dichoso accesorio combinaba a la perfección con su atuendo. Si, aquella hermosa y un tanto llamativa sortija de plata, adornada al frente con el símbolo del “Ying y Yang”  – como representación de ser uno el complemento del otro – y las iniciales de ambos grabadas en el interior…joya que según recordaba, cargaba consigo la promesa hecha por el mayor de nunca alejarse de él. ¡Que ingenuo había sido! ¡Qué ingenuos habían sido ambos! ¿Quién iría a imaginar que poco después de ese festejo, aquella mentada cosa llamada monotonía se adueñaría de sus vidas al punto de que ya ni uno soportaba dormir en la misma habitación que el otro? ¿Quién imaginaría que el sexo desenfrenado, hacerse el amor entre los dos, se tornaría un acto cotidiano, hastíante y hasta cierto punto desagradable? ¿Quién iría a pensar siquiera que existían incluso días en los que preferían no dirigirse la palabra?

Después de cinco meses de tedio, los dos llegaron a la conclusión que de nada les valdría seguir juntos y llamarse mutuamente “novios” cuando en realidad ambos se comportaban como un par de desconocidos que compartían como por accidente las mismas sabanas. No hubo escenitas por parte de ninguno, aunque para uno y otro fue imposible reprimir algunas silenciosas lágrimas que con penosa rebeldía se escapaban de sus hermosos ojos nipones en contra su voluntad. Habían decidido continuar de amigos, por su propio bien y la estabilidad de la banda…después de todo, no había un culpable definitivo en su rompimiento y no malgastarían su tiempo en buscarlo. Esa misma tarde, el Tsuzuki se comprometió a ayudarle a su a partir de ese momento ex pareja a llevar sus cosas al departamento que hace bastante había abandonado para mudarse con el bajista, pero que no se había atrevido a vender y realmente se encontraba muy agradecido por ello. Y tal como pactaron, a la mañana siguiente se presentaron al ensayo con la mejor de sus sonrisas, sin siquiera darles oportunidad a sus compañeros de sospechar que entre ellos las cosas estaban mas que finalizadas. Aoi, Uruha y Kai no se animaron a preguntar el por que de sus momentos de distracción durante las interpretaciones de “Casis”, pero comprendieron la situación por si mismos al no observar los acostumbrados besos robados que los enamorados solían intercambiar entre los descansos, aunque prefirieron no hacer comentarios al respecto. Mientras no afectase su amistad y sobre todo su ámbito laboral, cualquier decisión que aquel par de rubios tomase era aceptada y respetada.

Y así, siete meses habían pasado desde entonces, aunque Ruki no dejaba de preguntarse que había salido mal en lo que cualquiera hubiese llamado atinadamente la “relación perfecta”. No le reprochaba nada a Reita, desde luego, ni siquiera aun cuando fuese el mismo bajista el valiente en dar el primer paso de la ruptura con la frase “Esto ya no es lo mismo que antes …”, ni por el hecho de que el desnarigado evitaba por todos los medios quedarse a solas con él por lapsos de tiempo muy prolongados. Sencillamente no dejaba de cavilar una y otra vez con aquella pregunta que nada mas nunca era capaz de responder.

“¿Qué nos sucedió?”

Quizás era precisamente eso de la “perfección” lo que los había llevado a la ruina. Posiblemente ya se conocían tan bien el uno al otro que sería un tanto molesto permanecer al lado de quien, seguramente, adivinaría con suma facilidad cualquiera de tus pensamientos, sin posibilidad de privacidad. Tal vez hubiese sido la rutina de compartir el mismo hogar la culpable de que las fuertes emociones que experimentasen anteriormente con un simple roce de labios se esfumaran gradualmente. Pero, ¿que mas daba si llegaba a encontrar el porque de su separación? ¿Acaso con semejante descubrimiento dejarían de lado todos aquellos meses de indiferencia y regresarían a compartir sus vidas, por el resto de sus días como hubiesen pactado en un arrebato de romanticismo? Desde luego que sí…en sus mejores sueños...."





"...Akira se hallaba recargado en el marco de la puerta de su cocina con un vaso de vino en la mano, pendiente de todos y cada uno de los movimientos de su enano adorado, desde la manera en que se llevaba su bebida a los labios, hasta esa forma tan linda en la que ponía los ojos en blanco ante quien sabe que tontería salida de la boca del castaño para después reírse animadamente, aunque con cierto rubor en sus mejillas, como victima de algún comentario bochornoso o comprometedor. De verdad que continuamente se preguntaba como había sido tan estúpido como para apartar de sí mismo a semejante perfección de ser humano, mas aún como durante tantos meses osó casi ignorarlo aun viviendo en bajo el mismo techo que él, seguro de su posición en la vida del menor, hasta el punto de caer en tan exasperante situación, la palabra tabú temida por cualquier pareja: monotonía. Y es que, tanto se ufanaba de su noviazgo con el vocal e incluso había llegado a la imprudencia de casi jurar jamás separarse de su lado, que ahora más que nunca se sentía un idiota prometiendo cosas que no le eran posibles cumplir, al menos no del todo. No sólo la promesa, si no junto a ella el obsequio y la representación extremadamente cursi de un matrimonio simbólico, le bastaron a su pequeño cerebrito para convencerse de que en realidad para el mas bajo no existía nadie mas que él. Caviló acerca de cómo, poco a poco, las muestras de cariño se fueron agotando pues al parecer ambos las creían innecesarias, después de todo vivían juntos…si, quizás ese hubiese sido el momento preciso para comenzar a tener precauciones de no descuidarse el uno al otro…pero como hombres despreocupados que eran, lo pasaron olímpicamente por alto. Tan acostumbrados estaban entre sí y a su incomprensible necesidad de individualidad, que tiempo mas tarde, alguna caricia que anteriormente fuese bien recibida y hasta agradecida, ahora resultaba un tanto fastidiante. De verdad que resultaba desconcertante intentar explicar como funcionaba aquello de la monotonía…era algo que sencillamente se daba poco a poco, con una pequeña herida para después extenderse como la gangrena.

Pues bien…poco después del cumpleaños de Takanori, con la penosa situación de haberlo recordado en último minuto para preparar una mediocre celebración en un bar (o por lo menos el lo sintió de esa manera, sintiéndose infinitamente culpable) y después de enfrentarse a la terrible mirada de decepción y tristeza del pequeño rubio, cayó en la cuenta de que mas le valdría terminar de una vez con aquello, si es que de verdad decía amar tanto al enano…no le haría pasar por lo mismo. Dolería, y mucho…después de todo eran casi cuatro años y medio los que hubiesen compartido…cuatro años y medio de dicha total que ahora parecía irse al trasto por una tontería y su gran habilidad para no saber mantener la boca cerrada. Le fue casi imposible pronunciar la frase decisiva…mas difícil aun creerse completamente que el otro aceptaba tan fácil con que dieran por terminada la relación, pero no lo culpaba: cinco meses de indiferencia total, un cumpleaños que mejor se hubiera ido a celebrar embriagándose sólo y una promesa rota eran bastante excusa para gustar de alejarse completamente de él sin mayor reparo. Cuanto lo lamentaba en ese momento, cuan arrepentido estaba por dejarse llevar convencido y confiado de que el amor del Matsumoto le pertenecía única y exclusivamente a él…

Después de aquella breve charla (que ni siquiera se dieron el lujo de convertir en discusión), durante la cual llegaron al acuerdo de continuar con una linda amistad y relación laboral, él mismo se encargó de ayudar a Ruki a mudarse de vuelta a su antiguo departamento que hubiese abandonado después de los primeros dos años y medio de noviazgo pero que siempre se hubo mostrado reacio a vender, actitud que anteriormente le molestara un poco al “sin nariz” y que ahora, irónicamente agradecía: no tenía ninguna intención de echar a Takanori de su hogar, pero ciertamente resultaría incómodo que los dos habitaran en la misma casa después de aquel rompimiento. No obstante, poco le duró el gusto de seguir habitando aquel apartamento. Estaba tan inundado de recuerdos y del dulce perfume de aquel que en otro tiempo fuese su todo, que no logró pasar mas de un meses y medio sin abandonarlo y buscarse otro lugar en donde habitar: uno mas grande, mas lujoso…como si con eso fuese a llenar el vacío que ahora sentía mas o menos a la altura del pecho..."






Soy una persona de pocas palabras, muchos pensamientos insanos y limitados momentos de lucidez.