sábado, 23 de octubre de 2010

Cuando la rutina acaba con toda esperanza

"...Recordaba con pesar que, el día en el que festejarían su cuarto aniversario, su amado bajista le había regalado un anillo como símbolo de su compromiso…anillo que por puro masoquismo se le ocurriese usar precisamente esa misma noche, queriendo engañar a su yo interno con que el dichoso accesorio combinaba a la perfección con su atuendo. Si, aquella hermosa y un tanto llamativa sortija de plata, adornada al frente con el símbolo del “Ying y Yang”  – como representación de ser uno el complemento del otro – y las iniciales de ambos grabadas en el interior…joya que según recordaba, cargaba consigo la promesa hecha por el mayor de nunca alejarse de él. ¡Que ingenuo había sido! ¡Qué ingenuos habían sido ambos! ¿Quién iría a imaginar que poco después de ese festejo, aquella mentada cosa llamada monotonía se adueñaría de sus vidas al punto de que ya ni uno soportaba dormir en la misma habitación que el otro? ¿Quién imaginaría que el sexo desenfrenado, hacerse el amor entre los dos, se tornaría un acto cotidiano, hastíante y hasta cierto punto desagradable? ¿Quién iría a pensar siquiera que existían incluso días en los que preferían no dirigirse la palabra?

Después de cinco meses de tedio, los dos llegaron a la conclusión que de nada les valdría seguir juntos y llamarse mutuamente “novios” cuando en realidad ambos se comportaban como un par de desconocidos que compartían como por accidente las mismas sabanas. No hubo escenitas por parte de ninguno, aunque para uno y otro fue imposible reprimir algunas silenciosas lágrimas que con penosa rebeldía se escapaban de sus hermosos ojos nipones en contra su voluntad. Habían decidido continuar de amigos, por su propio bien y la estabilidad de la banda…después de todo, no había un culpable definitivo en su rompimiento y no malgastarían su tiempo en buscarlo. Esa misma tarde, el Tsuzuki se comprometió a ayudarle a su a partir de ese momento ex pareja a llevar sus cosas al departamento que hace bastante había abandonado para mudarse con el bajista, pero que no se había atrevido a vender y realmente se encontraba muy agradecido por ello. Y tal como pactaron, a la mañana siguiente se presentaron al ensayo con la mejor de sus sonrisas, sin siquiera darles oportunidad a sus compañeros de sospechar que entre ellos las cosas estaban mas que finalizadas. Aoi, Uruha y Kai no se animaron a preguntar el por que de sus momentos de distracción durante las interpretaciones de “Casis”, pero comprendieron la situación por si mismos al no observar los acostumbrados besos robados que los enamorados solían intercambiar entre los descansos, aunque prefirieron no hacer comentarios al respecto. Mientras no afectase su amistad y sobre todo su ámbito laboral, cualquier decisión que aquel par de rubios tomase era aceptada y respetada.

Y así, siete meses habían pasado desde entonces, aunque Ruki no dejaba de preguntarse que había salido mal en lo que cualquiera hubiese llamado atinadamente la “relación perfecta”. No le reprochaba nada a Reita, desde luego, ni siquiera aun cuando fuese el mismo bajista el valiente en dar el primer paso de la ruptura con la frase “Esto ya no es lo mismo que antes …”, ni por el hecho de que el desnarigado evitaba por todos los medios quedarse a solas con él por lapsos de tiempo muy prolongados. Sencillamente no dejaba de cavilar una y otra vez con aquella pregunta que nada mas nunca era capaz de responder.

“¿Qué nos sucedió?”

Quizás era precisamente eso de la “perfección” lo que los había llevado a la ruina. Posiblemente ya se conocían tan bien el uno al otro que sería un tanto molesto permanecer al lado de quien, seguramente, adivinaría con suma facilidad cualquiera de tus pensamientos, sin posibilidad de privacidad. Tal vez hubiese sido la rutina de compartir el mismo hogar la culpable de que las fuertes emociones que experimentasen anteriormente con un simple roce de labios se esfumaran gradualmente. Pero, ¿que mas daba si llegaba a encontrar el porque de su separación? ¿Acaso con semejante descubrimiento dejarían de lado todos aquellos meses de indiferencia y regresarían a compartir sus vidas, por el resto de sus días como hubiesen pactado en un arrebato de romanticismo? Desde luego que sí…en sus mejores sueños...."





"...Akira se hallaba recargado en el marco de la puerta de su cocina con un vaso de vino en la mano, pendiente de todos y cada uno de los movimientos de su enano adorado, desde la manera en que se llevaba su bebida a los labios, hasta esa forma tan linda en la que ponía los ojos en blanco ante quien sabe que tontería salida de la boca del castaño para después reírse animadamente, aunque con cierto rubor en sus mejillas, como victima de algún comentario bochornoso o comprometedor. De verdad que continuamente se preguntaba como había sido tan estúpido como para apartar de sí mismo a semejante perfección de ser humano, mas aún como durante tantos meses osó casi ignorarlo aun viviendo en bajo el mismo techo que él, seguro de su posición en la vida del menor, hasta el punto de caer en tan exasperante situación, la palabra tabú temida por cualquier pareja: monotonía. Y es que, tanto se ufanaba de su noviazgo con el vocal e incluso había llegado a la imprudencia de casi jurar jamás separarse de su lado, que ahora más que nunca se sentía un idiota prometiendo cosas que no le eran posibles cumplir, al menos no del todo. No sólo la promesa, si no junto a ella el obsequio y la representación extremadamente cursi de un matrimonio simbólico, le bastaron a su pequeño cerebrito para convencerse de que en realidad para el mas bajo no existía nadie mas que él. Caviló acerca de cómo, poco a poco, las muestras de cariño se fueron agotando pues al parecer ambos las creían innecesarias, después de todo vivían juntos…si, quizás ese hubiese sido el momento preciso para comenzar a tener precauciones de no descuidarse el uno al otro…pero como hombres despreocupados que eran, lo pasaron olímpicamente por alto. Tan acostumbrados estaban entre sí y a su incomprensible necesidad de individualidad, que tiempo mas tarde, alguna caricia que anteriormente fuese bien recibida y hasta agradecida, ahora resultaba un tanto fastidiante. De verdad que resultaba desconcertante intentar explicar como funcionaba aquello de la monotonía…era algo que sencillamente se daba poco a poco, con una pequeña herida para después extenderse como la gangrena.

Pues bien…poco después del cumpleaños de Takanori, con la penosa situación de haberlo recordado en último minuto para preparar una mediocre celebración en un bar (o por lo menos el lo sintió de esa manera, sintiéndose infinitamente culpable) y después de enfrentarse a la terrible mirada de decepción y tristeza del pequeño rubio, cayó en la cuenta de que mas le valdría terminar de una vez con aquello, si es que de verdad decía amar tanto al enano…no le haría pasar por lo mismo. Dolería, y mucho…después de todo eran casi cuatro años y medio los que hubiesen compartido…cuatro años y medio de dicha total que ahora parecía irse al trasto por una tontería y su gran habilidad para no saber mantener la boca cerrada. Le fue casi imposible pronunciar la frase decisiva…mas difícil aun creerse completamente que el otro aceptaba tan fácil con que dieran por terminada la relación, pero no lo culpaba: cinco meses de indiferencia total, un cumpleaños que mejor se hubiera ido a celebrar embriagándose sólo y una promesa rota eran bastante excusa para gustar de alejarse completamente de él sin mayor reparo. Cuanto lo lamentaba en ese momento, cuan arrepentido estaba por dejarse llevar convencido y confiado de que el amor del Matsumoto le pertenecía única y exclusivamente a él…

Después de aquella breve charla (que ni siquiera se dieron el lujo de convertir en discusión), durante la cual llegaron al acuerdo de continuar con una linda amistad y relación laboral, él mismo se encargó de ayudar a Ruki a mudarse de vuelta a su antiguo departamento que hubiese abandonado después de los primeros dos años y medio de noviazgo pero que siempre se hubo mostrado reacio a vender, actitud que anteriormente le molestara un poco al “sin nariz” y que ahora, irónicamente agradecía: no tenía ninguna intención de echar a Takanori de su hogar, pero ciertamente resultaría incómodo que los dos habitaran en la misma casa después de aquel rompimiento. No obstante, poco le duró el gusto de seguir habitando aquel apartamento. Estaba tan inundado de recuerdos y del dulce perfume de aquel que en otro tiempo fuese su todo, que no logró pasar mas de un meses y medio sin abandonarlo y buscarse otro lugar en donde habitar: uno mas grande, mas lujoso…como si con eso fuese a llenar el vacío que ahora sentía mas o menos a la altura del pecho..."






Soy una persona de pocas palabras, muchos pensamientos insanos y limitados momentos de lucidez.

1 comentario:

  1. definitivamente si esto fuera facebook, yo te daría I Like!!! me late muxo cmo escribes nna!!! wiiii!! dsd la compu d mi hermano si puedo abrir tu blog :)

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