domingo, 26 de septiembre de 2010

Decir adiós no debería ser difícil

Es difícil olvidar aquellos fríos labios, provocadores de delirios al contacto con los míos, acompañados los por suspiros entrecortados de tu terciopelada voz. Tan complicado como castigarme y contemplar la ausencia de tus ojos almendrados sin la compañía de los míos, saludando a la resignación. Tan difícil como decirle adiós al único motivo de mi existencia sin dominio, en un vano intento de superación.

Si, decir adiós es difícil. Es gritar hacia la nada esperando una respuesta diferente al eco de mi desesperanza. Es añorar lo odiado, rechazando lo que alguna vez fue amado.
Es mentir con descaro a Dios, rogando ser descubiertos, y maldiciendo por que olímpicamente hemos sido ignorados.

Decir adiós es difícil. Si, es aceptar la realidad y caer en cuenta del paso del tiempo que nos carcome el alma sin piedad.
 
Es darse por enterado del valor vacío de los recuerdos que conllevan un peso imaginario.

Es creer en la resurrección, ser indiferente ante el perdón y admitir la culpa de un asesinato involuntario.

Es jugar cartas con el destino, apostando nuestra razón y quedando a deber aquello que incluso no poseemos, incluyendo nuestro corazón.

Si, decir adiós es difícil…
Es anhelar lo que no puedo tener…
Es besar a un ángel y no tener pruebas de ello…
Es enfermar de amor y morir sin saberlo…
Es creer que la persona ideal existe y nunca haberla encontrado…
Es dormir miles de años, sin recordar lo soñado…
Es difícil comprender por que no puedo decirte adiós.

Tan complicado como mendigar por una justificación que explique por que reclamo aquello que nunca fue de mi propiedad.

Todo en mi mente, un cariño enfermizo, intentando por todos los medios recuperar aquello que nunca fue mío. Luchando hasta el cansancio por aquello que jamás he de poseer, y rezándole a mis demonios frases que tal vez no yo misma me de el lujo de intentar comprender.



Mi nombre es Lenore. Annie fué quien me llamó asi.

No creo en la vida perfecta. No creo en el amor a primera vista y mucho menos creo en el "felices por siempre".

No soy pesimista. Tengo sueños, anhelos ilusiones y metas que quiero cumplir. Soy amante de lo diferente, de lo mórbido, de lo tétrico y de aquello a lo que la mayoría de las personas rehuyen al sentirse intimidados.

Y siempre preferiré un "never more", que salido de los labios de Annie, sonará mejor que un "para siempre".

domingo, 19 de septiembre de 2010

El estado anímico de tu alma



Las horas viajan por tus manos y se te disgregan entre los dedos como el agua del río de tus propios pensamientos. Las lágrimas pasan a segundo plano cuando sientes que te ahogas en tu propia monotonía y las sonrisas y palabras que antes eran como un respiro de vida ahora no son más que recuerdos almacenados en aquel sótano descuidado en el que se ha convertido tu corazón. Las preguntas se almacenan en tu mente como infracciones de tránsito, aquellas que una y otra vez prometes que pagarás y nada más no ves el momento de tirarlas a la basura.
Un gato solitario maúlla en el tejado y el eco de su aguda voz resuena en las paredes de tu soledad. Y frente a tus ojos ves zozobrar a tus ilusiones como aquel castillo de naipes que nunca pudiste completar. Te preguntas si en el mundo en el que te encuentras, habrá alguien tan patético como tú que se deprima leyendo su poesía mal lograda, en lugar de ahogarse con alcohol en alguno de esos antros de moda.
Y como siempre, eres incapaz de responderle a tu subconsciente la razón del estado anímico de tu alma.




Me llamo Lenore. Annie fue quien me nombró de esa manera:

"Lenore, la única, virgen radiante. Lenore por los ángeles llamada. Ahora, ya sin nombre, para siempre."
Por supuesto que no, no soy una niña muerta. Soy una persona común, tengo un nombre común, muchos sobrenombres comunes y una fijación tremenda por Edgar Allan Poe.
Tengo 18 años cumplidos, apariencia de veintitantos y mentalidad de 12.
Y me gusta, por sobre todas las cosas, escribir cosas fuera de los lugares comunes.